Carta de Pax Christi Internacional a las comunidades cristianas en la Tierra Santa

Redes Cristianas, coordinadora de entitats de la qual formem part, s’ha adherit al següent document:

 

A nuestras queridas hermanas y hermanos:

Nosotras y nosotros, la comunidad de Pax Christi Internacional, os escribimos hoy para expresar nuestro profundo y permanente compromiso de solidaridad con vosotras, las fieles comunidades cristianas de Tierra Santa. Ofrecemos nuestras manos y corazones en apoyo a vuestra lucha por lograr una paz justa y duradera. Y, por supuesto, rezamos para que continúen encontrando fuerza y ánimo durante estos días tan difíciles. 

En este momento crítico en que la atención del mundo está comprensiblemente consumida por la pandemia del Covid-19, no hemos perdido de vista que ustedes se enfrentan a otro desafío igualmente terrible: la posibilidad de anexión de jure y la continua y actual ocupación militar (una anexión de facto) de la tierra y los recursos palestinos por parte de Israel. Seguimos siendo conscientes de que el virus ha ejercido una enorme presión sobre vuestra economía, ya en dificultades, reduciendo las oportunidades de empleo existentes y haciendo que muchas familias tengan que depender de la ayuda internacional. Sabemos que tanto las devastadoras realidades de la pandemia como la opresión estructural de la ocupación suponen una grave amenaza para vuestro bienestar y vuestras vidas. 

Si bien Pax Christi Internacional ha emitido varias declaraciones oficiales sobre la situación en Israel-Palestina, incluida nuestra firme objeción del 19/6/20 a cualquier plan unilateral de anexión israelí, sentimos la urgencia de llegar de manera más personal a ustedes, nuestras hermanas y hermanos cristianos. 

Estamos asombrados/as por vuestra resiliencia y determinación; sin embargo, reconocemos que los muchos años dolorosos de desplazamiento y ocupación han engendrado sentimientos de desilusión y temor. A medida que la población cristiana disminuye, vuestras expresiones de preocupación y alarma por la existencia futura de la comunidad cristiana palestina en Tierra Santa, deberían ser nuestra llamada de atención. Nosotras/os, la comunidad internacional, debemos escuchar vuestra desesperación y responder a vuestro clamor de esperanza. 

Vosotras/os sois las semillas del cristianismo, sois parte de la “iglesia madre”. Es desde vuestro propio ser en esa tierra que nuestra fe cristiana ha florecido y se ha expandido. Desde todos los rincones del mundo, las y los cristianos os miramos como las piedras vivas, como el cimiento de nuestra fe nacida hace más de 2000 años en un pequeño pueblo palestino. 

Vosotros/as seguís siendo guardianes de nuestra fe y protectores de los sitios que consideramos más sagrados. Vuestro testimonio vigilante garantiza una fuerte presencia cristiana en toda la Tierra Santa. Esto es especialmente importante en la ciudad santa de Jerusalén, que es, y debe seguir siendo siempre, una ciudad universal de esperanza y paz, un lugar de “reconciliación, justicia e igualdad” para todos. 

La comunidad cristiana, aunque numéricamente es una minoría en Palestina e Israel, siempre ha sido un pilar y una parte integral de la sociedad. Vuestra presencia y vuestra voz nunca han sido más cruciales en la Tierra Santa que hoy en día. 

En medio de la cacofonía política, vosotros/as tenéis un papel crítico que desempeñar como líderes proféticos/as: hablar en nombre de todos los hijos e hijas de Dios y demandar políticas que promuevan la dignidad humana y la igualdad de derechos de todas las personas; buscar la paz, siempre teniendo en mente el bien común de todas las personas de Tierra Santa. 

Sabemos que muchas y muchos de vosotros han aceptado el reto y han sido una voz clara, incólumes en vuestra convicción de que hay caminos para crear una nueva realidad basada en la justicia y el respeto mutuo. Vosotras/os, hermanas y hermanos nuestros, encarnan el concepto mismo de sumud, una resiliencia firme y no violenta. Vuestra fe y esperanza son un gran testimonio para todas y todos nosotros, una poderosa invitación a afrontar los retos que afectan a nuestro mundo con una determinación clarividente basada en los principios cristianos de amor y paz, para “levantar la cabeza”por encima de la refriega y ser agentes en el desarrollo del plan de Dios, siempre con la esperanza de un futuro mejor. 

Como cristianos y cristianas, a través de nuestra fe en la resurrección de Cristo, sabemos que siempre hay esperanza y que la lucha, la miseria e incluso la muerte no tendrán la última palabra. Nos aferramos a la esperanza: esperanza en Dios, en el poder del amor y en los destellos de bondad que sabemos que residen en cada hija e hijo de Dios. 

Es en nuestras iglesias, parroquias y comunidades de fe donde esta esperanza, sin importar cuán frágil sea, se fortalece. Es en estos espacios comunitarios donde forjamos los lazos que nos sostienen en los tiempos más oscuros. Es donde nos apoyamos unas a otros y juntos profundizamos nuestro compromiso de crear un mundo mejor. Os preguntamos: ¿cómo podemos ser vuestros aliados para mantener viva la esperanza? 

Todas compartimos el llamado a ser personas “dadoras de esperanza”, para animarnos y recordarnos constantemente unas a otras que la desesperación es nuestro mayor enemigo. La esperanza, como el amor y el perdón, es central para nuestra fe y nuestro ser cristiano; es lo opuesto a la resignación o a la rendición. La esperanza nos da la confianza para seguir adelante, para creer en la posibilidad de un futuro en el que nuestros más profundos anhelos puedan realizarse. Con la esperanza somos capaces de acercarnos sin miedo a las demás personas, reconociendo tanto nuestras diferencias como nuestra humanidad compartida. Es el catalizador que nos impulsa a actuar.

Queridas amigas y amigos, tened la seguridad de que: 

  • seguiremos alentando a la red mundial y a los grupos miembros de Pax Christi International a que sigan comprometidos como defensores de la justicia y la paz en Tierra Santa; 
  • seguiremos dejando clara nuestra posición de que la dignidad, los derechos humanos, la seguridad y el derecho a la autodeterminación deben ser protegidos por igual para palestinos e israelíes, y que todas las partes deben respetar el derecho internacional y humanitario, o rendir cuentas por no hacerlo; 
  • daremos voz, en cada oportunidad, a vuestro llamado para que “todas las iglesias, gobiernos y personas de buena voluntad actúen y pongan fin a esta tragedia”; 
  • usaremos nuestra voz para instar con firmeza a la comunidad internacional a que busque todas las vías diplomáticas para alcanzar una paz justa, para que reconozca el Estado de Palestina como lo hizo el Vaticano en 2015, y para que imponga consecuencias significativas cuando se produzca cualquier violación del derecho internacional; 
  • permaneceremos constantes en nuestra solidaridad y compromiso de estar en comunión con todos los cristianos y cristianas de Tierra Santa, ofreciendo nuestro apoyo y aliento; 
  • os escucharemos y responderemos con acciones y palabras, para que sepáis que no estáis solos u olvidadas y 
  • prometemos manteneros a todas y cada uno de vosotros en nuestras oraciones, pidiendo la intercesión de Dios para sostener y alentar vuestro valor y vuestra esperanza. 

En paz y solidaridad:

Monseñor Marc Stenger                Hna. Teresia Wamuyu Wachira (IBVM)               Sra. Greet Vanaerschot 

         Francia                                                             Kenya                                                              Bélgica 

    Co-Presidente                                              Co-Presidenta                                              Secretaria General 

 

Bruselas, 12 de agosto 2020

Fuente original en inglés. Traducción: María Landi.

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