Carta abierta a Monseñor David Malloy

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Carta abierta a Monseñor David Malloy, Obispo de Rockford, Illinois, Presidente del Comité Internacional de Justicia y Paz de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos

Han curado la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: “Paz, paz”, cuando no hay paz.
Jeremías 8:11

Jerusalén, 8 de septiembre de 2020

Su Excelencia: 

Leímos su declaración del 13 de agosto donde muestra su satisfacción con el acuerdo de paz entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. Como movimientos palestinos cristianos que trabajamos por la justicia y la paz, nos gustaría enviarle algunas observaciones sobre este tema.  

Se equivocan quienes piensan que cualquier reconocimiento mutuo entre un país árabe y el Estado de Israel es un paso adelante hacia la paz. Sería un paso hacia la paz si ese acuerdo fuera acompañado de la resolución del núcleo del conflicto: la ocupación militar israelí de la tierra de Palestina.  

El establecimiento de relaciones de paz entre Israel y los estados árabes empieza poniendo fin a la ocupación israelí y garantizando al pueblo palestino sus derechos, incluyendo el derecho a la autodeterminación. Cualquier otro camino es un falso camino hacia la paz. Aislar y luego arrinconar al “pobre” para que se arrodille ante el poderoso es rendición, no paz. Además, si los regímenes árabes reconocen a Israel, sus pueblos se negarán a normalizar relaciones con la población israelí mientras el pueblo palestino continúe bajo la opresión. La verdadera paz no comienza forjando acuerdos de paz con los países árabes, sino con el pueblo palestino. La verdadera paz debe comenzar en los corazones de los palestinos y palestinas, y está en manos de Israel reconocer un Estado palestino en solo el 22% que queda de la tierra histórica de Palestina. Es una cuestión de igualdad entre los pueblos, pues todos han sido creados iguales por Dios. 

Ustedes aprueban el acuerdo porque pospuso la anexión de más del 30% de lo que queda de la tierra palestina. Pero esta postergación es sólo de palabra. De hecho, sobre el terreno la anexión de facto es un proceso continuo, día tras día, a través de las crueles y destructivas acciones cotidianas del ejército y los colonos israelíes contra los campesinos palestinos, incluyendo el robo constante de tierras palestinas y la construcción de colonias judías. El mismo Netanyahu declaró que la anexión no se canceló sino que se pospuso.   

Algunos llaman a este acuerdo el “Acuerdo Abraham”. Aquí decimos: basta de explotar a Dios y a los profetas de Dios para ponerse del lado de los poderosos. Si llamamos a Dios y a los profetas en este asunto, debemos entonces observar los mandamientos de Dios y la igualdad que Dios ha dado a todos los pueblos, incluyendo a israelíes y palestinos. Justicia para todos. Ahora mismo en el terreno, mientras los “poderosos” toman lo que es suyo y lo que es de otros, son incluso apoyados por muchas iglesias. Los débiles son privados de sus derechos mientras los poderosos y las iglesias responden con palabras, pero no con acciones.

Usted habla de negociaciones directas. Las mismas tuvieron lugar durante 30 años, e Israel siguió diciendo “no” a los requerimientos mínimos de los palestinos. Volver a las negociaciones con la misma disposición de la parte poderosa es una locura. Las negociaciones tendrán sentido solo si el poderoso muestra más equidad hacia la otra parte (respecto a Jerusalén y reconociendo la igualdad de todos).

Finalmente, el pueblo palestino rechazó el “Acuerdo del siglo” de Trump porque no respondía a las exigencias mínimas palestinas establecidas en las resoluciones de la ONU y en el derecho internacional. El plan de Trump declara a Jerusalén como la capital solo de Israel. Su plan le quita al pueblo palestino lo que le pertenece y se lo da a Israel. Es una perpetuación de la larga injusticia impuesta por los israelíes al pueblo palestino. 

La verdadera paz es apoyar a los “pobres” y decir “no” a la injusticia infligida por los “poderosos” a los débiles. En ese sentido, las iglesias deberían presionar a sus gobiernos para poner fin a esta prolongada tragedia que sufren los pueblos de Tierra Santa. 

Con nuestros mejores deseos y saludos fraternales.

Mons. Michel Sabbah, Patriarca Emérito de Jerusalén (Iglesia Católica Romana)

  • Rifat Kassis, Coordinador de Kairós Palestina
  • Fuad Giacaman, Coordinador de la Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestinas (NCCOP) y Director del Instituto de Educación Árabe (miembro de Pax Christi Internacional) 
  • Rev. Dr. Mitri Raheb, Presidente del Consorcio DIYAR (pastor luterano)
  • Omar Harami, Coordinador de Sabeel (Centro Ecuménico de Teología de la Liberación 
  • Nader Abu Amsha, Coordinador del Programa de Rehabilitación de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) en Jerusalén Este y Beit Sahour
  • Prof. Mazin Qumsiyeh, Director del Instituto Palestino para la Biodiversidad y la Sustentabilidad, Universidad de Belén
  • Rev. Dr. Munther Isaac, Director de la conferencia Cristo en el Checkpoint (pastor luterano) 
  • Nidal Abu Zuluf, Coordinador de la Iniciativa de Incidencia Conjunta (JAI-YMCA).
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